Toda fiesta patronal que se precie debe tener una buena feria. Con su noria, su algodón de azúcar, sus adolescentes-atracadores y su tómbola.
El regalo más preciado en la tómbola del año 2007 ha sido sin duda alguna, un megáfono. Como a la gente -y en especial a la gente que va borracha- no le gusta gritar, nada mejor que regalarle un megáfono.
Me imagino en el anterior congreso de fabricantes de regalos para tómbolas de feria, a todos los jefazos de la industria feriante, intentando encontrar un regalo que pudiera hacer felices a todos los (pre y post) adolescentes amantes de los gritos sin gracia. Quien propuso el megáfono fue sin duda un visionario.
Para las próximas temporadas, quien sabe, quizás regalen una bocina de barco, una sirena de ambulancia, una cobra venenosa, armas nucleares.
El regalo más preciado en la tómbola del año 2007 ha sido sin duda alguna, un megáfono. Como a la gente -y en especial a la gente que va borracha- no le gusta gritar, nada mejor que regalarle un megáfono.
Me imagino en el anterior congreso de fabricantes de regalos para tómbolas de feria, a todos los jefazos de la industria feriante, intentando encontrar un regalo que pudiera hacer felices a todos los (pre y post) adolescentes amantes de los gritos sin gracia. Quien propuso el megáfono fue sin duda un visionario.
Para las próximas temporadas, quien sabe, quizás regalen una bocina de barco, una sirena de ambulancia, una cobra venenosa, armas nucleares.