19 March 2007

Tómbola

Toda fiesta patronal que se precie debe tener una buena feria. Con su noria, su algodón de azúcar, sus adolescentes-atracadores y su tómbola.

El regalo más preciado en la tómbola del año 2007 ha sido sin duda alguna, un megáfono. Como a la gente -y en especial a la gente que va borracha- no le gusta gritar, nada mejor que regalarle un megáfono.

Me imagino en el anterior congreso de fabricantes de regalos para tómbolas de feria, a todos los jefazos de la industria feriante, intentando encontrar un regalo que pudiera hacer felices a todos los (pre y post) adolescentes amantes de los gritos sin gracia. Quien propuso el megáfono fue sin duda un visionario.

Para las próximas temporadas, quien sabe, quizás regalen una bocina de barco, una sirena de ambulancia, una cobra venenosa, armas nucleares.

16 March 2007

Juguete

Estoy empezando a perder la esperanza. Tras años de apasionada e infructuosa búsqueda, comprendo que nunca llegaré a encontrarle a él o ella.

El primero de ellos fue Jorge Alejandro, quien desde un principio parecía ofrecerme años de fidelidad y diversión, pero que me falló cuando nuestra relación se complicó mínimamente.

La historia con Melania fue muy diferente. Cumplía en todos los aspectos de nuestra relación, era atenta y entregada, obediente y risueña, una mujer que podría haberme hecho feliz el resto de mi vida. Desgraciadamente, nos venció aquello que siempre termina con las relaciones cuasi-perfectas: la rutina.

La última de mis experiencias aún no me ha revelado la totalidad de sus consecuencias, aunque estas prometen ser devastadoras. Acudí a la cita a ciegas aconsejado por una persona que jamás debería inmiscuirse en este tipo de asuntos: mi madre.
Su atractivo y carisma inicial ocultaban sus más oscuras y lascivas intenciones. Me dejé llevar seducido por sus perversas caricias y ocurrió lo que debía haber imaginado desde un principio: en sus manos, me sentí como un juguete.

Ahora, ya en casa, me miro al espejo y no me reconozco. Me avergüenza salir a la calle por miedo a pensar que todo el mundo sepa lo que esta mañana me ha ocurrido.

Lo único que a partir de ahora será capaz de hacerme levantar de la cama cada mañana, será la mínima esperanza de que, en algún lugar del mundo, existe un peluquero/barbero/estilista que me comprenda y me escuche, que me divierta y me respete; en definitiva, que me acepte tal y como soy.

04 March 2007

¡Toma!

Dejemos de hablar de sexo por unos días y volvamos al fútbol.

Llevo viendo desde hace unos meses una tendencia en las gradas de los campos de fútbol que no sé si es nueva, o ya venía ocurriendo desde hacía tiempo.

La cuestión es la siguiente. El equipo de casa marca un gol, y la cámara enfoca pocos segundos después a la grada para transmitir la celebración de los hinchas. En esa imagen observamos habitualmente gente saltando, gritando, perdiendo el bocadillo, las pipas, abrazándose con el de al lado, sonriendo. Gente feliz, al fin y al cabo.

Lo curioso es que alrededor de toda esta gente feliz siempre encontramos a un individuo haciendo un corte de mangas. No falla. El tío levanta el brazo, cierra el puño y se golpea con la otra mano el antebrazo levantado. Acompaña normalmente el gesto con un sonoro "¡Toma!", que lo hace con la boca mucho más abierta de lo normal, alargando la "o" del principio durante un par de segundos.

¿Qué le pasa a este señor? ¿No tiene a nadie con quien abrazarse? ¿Se ha hecho un esguince celebrando el anterior gol de su equipo y no tiene más remedio que celebrarlo así? ¿Odia a todo el mundo?

Si tenemos en cuenta que en ese plano televisivo debe haber alrededor de treinta personas, y que un estadio de fútbol de primera división suele registrar una entrada de unos cincuenta mil espectadores, podríamos decir que en ese momento hay mil seiscientas sesenta y seis personas mandando a tomar por culo a alguien.

¡Cuánto infeliz! Que los junten a todos en el mismo sector de la grada y aprendan lo bonito que es abrazar a un desconocido. La de posibles romances que están desaprovechándose por no saber situar bien a la gente en un estadio...

25 February 2007

Alarma social

"Atención, padres: en estos momentos, mientras usted mira tranquilamente la televisión, su hijo adolescente está probablemente inyectándose heroína junto a sus tres compañeros de orgía. Es también bastante posible que previamente se haya dedicado a maltratar a un niño minusválido y haya incendiado el coche de su profesor de Conocimiento del Medio"

Este titular aún no se ha llegado a ver en ningún programa de televisión vespertino con acalorados tertulianos rememorando épocas mejores, pero es solo cuestión de tiempo.

¡Un poco de calma, señores de la tele y de la prensa!

"Dogging: una nueva forma de sexo entre los adolescentes de hoy en día"

"La orgía corre sin fin de Occidente a Oriente y viceversa, de niños a ancianos, de heterosexuales a gays"

Estos dos titulares sí son reales, vistos en menos de una semana en Cuatro y El País Semanal, respectivamente. De verdad, dan miedo. O nos encontramos ante la joventud más depravada, pervertida y promiscua de toda la historia, o toda esta vorágine sexual sobre la que nos alarman sin parar los medios me pasó totalmente desapercibida mientras jugaba gol-porteros en mi finca.
Igual soy un poco ingenuo pero, creo que las cosas no han cambiado tanto en tan pocos años, y la cruda realidad es la siguiente: aquí no folla nadie.

Ya vale de alarmar y asustar al personal, que si yo tuviera ahora mismo una hija me daría pánico dejarla salir de casa por miedo a que se intentara tirar al primero que se encontrara en el ascensor. Los adolescentes gritan, beben, comen pipas, huelen mal, ensucian, fuman y pisan las flores del parque; pero los afortunados quinceañeros que consiguen algo de sexo siempre han sido -y son- una minoría.

06 February 2007

Wi-fi

Harto de nuestra ridícula conexión a internet de cuatro megas no-inalámbrica, mi padre aceptó la enésima oferta de conexión a internet que le ofrecían por teléfono, y nos cambiamos a una compañía cuyo nombre sugiere inmediatez, velocidad máxima: ya.com.

Se cumple hoy un mes desde que dejé de tener acceso a Internet desde mi casa. Los simpáticos de Wanadoo nos dieron de baja al instante y aún estamos esperando como unos pringados al mensajero vestido de rojo con un módem wi-fi en la mano. Acostumbrado a vivir sobreinformado, estas cuatro semanas sin poder conectarme cuando me diera la gana me han parecido cuatro años en la Edad Media, cuatro décadas en el Paleolítico.

No nos paramos a pensarlo, pero casi nada a nuestro alrededor ha cambiado tanto y tan rápido como lo ha hecho internet. Hace seis años, ni siquiera habría sabido explicar lo que era; hace cinco, solo servía para ponerte un nombre super-gracioso en un chat y dejar que te estafaran en un ciber-café; hace cuatro, me enteré de que existían las páginas pornográficas –aún no he entrado en ninguna, lo sé porque me lo dijo un colega-; hace tres, descubrí el chollo de la música gratis; hace dos, mi módem dejó de chirriar durante treinta segundos cada vez que me conectaba; y en este último año, todavía estoy intentando asimilar que la ansiada red inalámbrica jamás llegará a mi casa.

Si algo ha evolucionado a la misma velocidad durante los últimos seis años para la gente de mi generación, sin duda eso ha sido el sexo: hace seis años, ni siquiera sabíamos que existía, y en este último año... en fin... todavía estamos asimilando que aquello con lo que todos soñábamos y que conocíamos de oídas como sexo esporádico abundante, jamás llegará a nuestras casas.